Este libro ayudará a entender la sorpresa de los viajeros de los siglos pasados al encontrar una ciudad rodeada de extensas huertas y una tupida red de acequias, pero sin fuentes. Algo aparentemente tan sencillo como abrir un grifo en nuestros domicilios o en una fuente pública, se dilató hasta bien entrado el siglo XIX y requirió un gran esfuerzo por parte de la ciudad.
Zaragoza también ha soportado el enorme gasto que ha supuesto mantener en servicio sus puentes, especialmente los de Piedra y Tablas, pero sin olvidar los del Gállego y Huerva, destruidos y vueltos a levantar muchas veces.
Conoceremos algo más de las gentes que han tenido en el agua su medio de vida: lavanderas, aguadores, bomberos… la riqueza patrimonial del Canal Imperial y los molinos que durante al menos seis siglos convirtieron el trigo en la harina con la que Zaragoza ha amasado el pan.
Finalmente, nos adelanta lo que será la exposición Internacional 2008 que, en torno al tema «Agua y Desarrollo Sostenible», pone el broche de oro a dos milenios de agua en Zaragoza.
