Valdejauja apareció una tarde en el horizonte. Los autores se toparon con ella de improviso. Les pareció un lugar sugerente. Se acercaron cautelosos, se adentraron por sus calles, deambularon por lo claro y por lo oscuro, observaron a sus habitantes y descubrieron algunos enredos. De inmediato se lanzaron al retrato. Quintín García Muñoz desenfundó sus pinceles electrónicos, Francisco Javier Aguirre pergeñó unas semblanzas y Luis Bazán Aguerri afiló sus colmillos dramáticos. Así comenzó todo.
Quintín García Muñoz trabajó en la banca, y al mismo tiempo se volcó en el estudio de la filosofía. Abandonó la primera, pero no la segunda. Ahora cultiva la literatura y el dibujo. Ha publicado una veintena de libros propios y ha ilustrado otra docena.
Francisco Javier Aguirre se ha dedicado a muchas cosas en la vida, casi todas relacionadas con el papel. Ha sido editor, traductor y bibliotecario. El perfil literario que cultiva con más gusto es el de la narración. Una treintena de obras han sido el resultado.
Luis Bazán Aguerri ha vivido en la docencia, de la docencia y para la docencia. Al mismo tiempo ha desarrollado una intensa labor en el mundo del teatro, como intérprete, autor y director. Tiene también en su haber media docena de obras narrativas y un poemario.
