Centro del Libro de Aragón > Publicaciones > Un grupo de iglesias del Alto Aragón

Un grupo de iglesias del Alto Aragón

Francisco Iñiguez Almech

Rafael Sánchez Ventura

2021.

21+30 láminas páginas.

165

x 235 cms.

Revista

ISSN: 0210-4180

Edición facsímil impresa con  motivo del 50ª aniversario de Amigos de Serrablo, con el fin de divulgar este primer estudios sobre iglesias que ha rehabilitado y cuidado durante años.

Francisco Iñiguez Almech. Madrid, 22.III.1901 – Pamplona (Navarra), 6.VIII.1982. Arquitecto conservador de monumentos, profesor e historiador de la arquitectura.
Obtuvo el título de arquitecto el 15 de junio de 1925, año en el que ganó el concurso para la reforma y reestructuración del Casino Mercantil de Zaragoza, ciudad a la que estaba vinculado a través de su familia materna.
En agosto de 1933 fue nombrado arquitecto auxiliar conservador de Monumentos de la 2.ª Zona (Álava, Burgos, Guipúzcoa, Huesca, Logroño, Navarra, Soria, Vizcaya y Zaragoza), en sustitución de Teodoro de los Ríos Balaguer. Entre 1933 y 1936 realizó un importante número de intervenciones sobre distintos monumentos de su zona, siempre con un carácter conservativo.

A lo largo de su trayectoria, Rafael Sánchez Ventura, figura central de un tiempo nuevo que ayudó a construir, supo conciliar las tareas políticas con la investigación, facetas ambas no demasiado conocidas fuera del ámbito local a pesar de, insistimos, ser parte importante de nuestra historia durante los años veinte y treinta del siglo XX. El descubrimiento de las iglesias de Serrablo en 1922 fue, sin duda, una de sus primeras experiencias y más gratas por cuanto significaba: recorrer el paisaje, profundizar en el patrimonio histórico del lugar al que pertenecía y darlo a conocer a generaciones futuras. Sus amigos Joaquín Gil Marraco (Zaragoza, 1901-1984) y Luis Monreal Tejada (Zaragoza, 1912-Barcelona, 2005), dejaron testimonio escrito de aquel tiempo en la revista Serrablo. Gil Marraco recordó un día de finales de agosto de 1922 cuando acudió desde Jaca a la Pardina de Los Arregueses en Sabiñánigo, propiedad de los Sánchez Ventura. En la casa se encontraban la familia Gastón-Burillo y Eusebio Oliver Pascual, futuro médico de reconocido prestigio. Sánchez Ventura le había pedido que le acompañase a Lárrede, muy cerca de Sabiñánigo, tras haber sido avisado por un funcionario de energías aficionado a la caza sobre una pequeña iglesia desconocida. A la excursión se sumaron Oliver y el joven y entusiasta Emilio Gastón Murillo -padre de Emilio Gastón- que no se perdía una; hacía apenas una semana que el joven había recorrido la Selva de Oza, Guarrinza y Aguas Tuertas con su padre y varios amigos, entre ellos Gil Marraco y Camón Aznar, que durante los descansos les leía los Anales de Zurita. Sobre las cinco de la tarde llegaron a la iglesia de San Pedro de Lárrede. Sánchez Ventura quedó sorprendido. Gil Marraco preparó su cámara de placas 9 x 12, el pequeño trípode y realizó las primeras fotografías que documentan el inicio de un hallazgo excepcional: el conjunto de iglesias medievales localizadas en la zona de Serrablo que, por sus características singulares y la homogeneidad constructiva y decorativa, fueron declaradas en 1999 Bien de Interés Cultural. La ausencia de documentos complica la adscripción definitiva a un estilo concreto y a una cronología definida, lo que favorece hipótesis y debates aún sin resolver. Ya lo avanzaron Rafael Sánchez Ventura y el arquitecto conservador de monumentos Francisco Íñiguez Almech (Madrid, 1901-Pamplona, 1982) en su artículo Un grupo de iglesias del Alto Aragón que la revista Archivo Español de Arte y Arqueología publicó en 1933: «(…) parecen traducir un mozárabe mal interpretado y peor conocido de principios perdidos y lejanos; algo como un sentido tradicional sin modelos directos». En el momento de escribir su ensayo, los autores advirtieron de que el estudio está incompleto por las zonas Este y Sur, pero avanzaron en detalle el de los monumentos localizados mediante descripciones, dibujos de planos, alzados, secciones y vistas de carácter artístico, junto a una amplia secuencia de fotografías de las que solo una aparece firmada por Joaquín Gil Marraco. Las imágenes no están fechadas, pero hemos de pensar que fueron realizadas en 1922 y en los años siguientes durante los cuales Gil Marraco acompañó a Sánchez Ventura en sus investigaciones.