Ángela Labordeta comenzó a escribir “Tacones y muñecas” el nueve de octubre de 2011, dos días después de la muerte del escritor Félix Romeo Pescador. “Félix me había regalado multitud de palabras y de libros, me había contado que el arte de escribir residía en mí, yo sabía que no era cierto, pero él hacía lo mismo con todas las personas a las que amaba: hacerlas grandes, exclusivas”, recordaba la escritora recientemente en un artículo publicado en eldiario.es.
Como destaca la escritora, “‘Tacones y Muñecas’ habla de la vida, del dolor, de la política, de los sueños, del amor, del sexo, de lo prohibido y sobre todo de lo encontrado. De lo que se encuentra cuando uno es libre y dice con las palabras lo que jamás dirá con sus manos o con sus ojos. La cobardía del escritor. Y su libertad en un ejercicio de valentía osada e inconsciente”.
Es un relato vital, un dibujo realista y oscuro de la clase media de los años ochenta en España, cuando todo parecía comenzar y sin embargo seguíamos encadenados a un pasado que nos corrompía y nos corrompió en un futuro casi inmediato.
