Jesús Rubio retrata la vida de Hernando de Aragón, último arzobispo de Zaragoza de la Casa Real de Aragón. Su paso por el monasterio de Veruela, tras estar en el de Piedra, a petición de su primo el emperador, y su obligación de acudir a Zaragoza a hacerse cargo del arzobispado de la ciudad del Ebro. Pero el hecho que marcó para siempre su vida es su encuentro con una muchacha en el pequeño molino de Alcalá del Moncayo.
