Partí de la intrínseca necesidad de devolver aquello que se deab ppor olvidado y perdido. Su mente, un caos dividido entre la vida y la muerte. La mía, un laberinto desordenado y enamorado de se se.
Sentía una profunda devoción por ella; desde pequeño podía percibir su presencia y la distinción que marcaba entre todos.
Isaac no nace de la biología de mi madre; nace de su boca, de su fruto amoroso y adornado, incluso desde su lejanía.
Amé y perdí; volví a amar cuando la conocí. Mi laberinto y todas las piezas de mi ser se ordenaron; desperté de una vigili en la que el tiempo me atrapó.
El corazón se me atragantó y nuestros seres se unificaron, una fuerte química surgío entre el espacio ilegal que se crea entre dos cuerpor amados.
Retrato
Sofía Lope
