Las tesis que el profesor de filosofía norteamericano David Rothenberg expone en esta obra son tan aparentemente sencillas como lógicamente irrefutables: si el canto de los pájaros tuviera solamente fines funcionales no existirían especies capaces de invertir hasta seis años en aprender una melodía. Los pájaros cantan para delimitar el territorio, durante el ritual previo al apareamiento… pero hay algo más que ha puesto patas arriba las tradicionales teorías de la Biología evolutiva. Los pájaros cantan porque les gusta hacerlo.
