Barroquismo presente en la dramaturgia lingüística de Permiso para embalsamar, donde la muerte, más que tema, se hace fondo de la forma.
Esa paradójica vida de la muerte es una alegoría de la perdurabilidad frente a la muerte de la vida o presente de caducidad: “nos alimentamos de cadáveres”.
Taxidermización animista de la materia a través de la memoria: reto constante hacia la visibilidad del espíritu mineralizado, vegetalizado, zoofilizado.
Una pista, la siguiente silogización reflexiva “Si los pensamientos pueden llegar tan lejos, será porque el cerebro tiene alas”. En cualquier caso la autora es poeta de raza, es cultísima, con gran talento verbal e imaginación creadora hasta la animación de la materia: “el sol inclina se cerviz”.
