En Pastoral su protagonista busca las huellas de sus antepasados familiares, humildes pastores que recorrían campos y caminos padeciendo hambre, frío y mucha soledad. No se trata de un apacible relato de viajes, sino más bien de una exploración en los áridos territorios del pasado. Es sabido que la dureza del paisaje y el clima zaragozanos fortalecen el espíritu, así que recorrerlo en bicicleta propicia un estado de ánimo muy próximo al que recomendaba Confucio. Un regreso a los orígenes que huye del localismo (comienza en Jena, Alemania, y acaba en Valhondo, enigmático paraje fundacional), una novela de reconciliación entre lo que fuimos y lo que queremos ser.
