A la visión sigue el asombro, a la evidencia el reconocimiento, al reconocimiento la costumbre, a la costumbre la rutina, a la rutina la apatía, a la apatía el escepticismo, y al escepticismo la ceguera. A fuerza de mira, ya no creían lo que veían, ya no veían nada. Una mañana de primavera el cerdito protagonista se encuentra en el bosque con el profesor Campbell, un peculiar científico. El cerdito, curioso y bienintencionado, desea convertirse en el ayudante del profesor, dispuesto a seguirle en la gran aventura de la Ciencia, y por supuesto, a llevarle el maletín.
