Tras una historia de, al menos, ocho siglos de uso en Aragón y un largo periodo de decadencia y paulatino abandono, contra todo pronóstico se inicia hacia 1980 una etapa de redescubrimiento de la gaita de boto. Dentro de este proceso de conocimiento y reconocimiento, en 1993, los autores Rafael García Hermoso y Mario Gros Herrero comenzaron a impartir clases de gaita en la Escuela Municipal de Folklore de Zaragoza y posterior Escuela Municipal de Música y Danza, y tras años de enseñanza y aunque conscientes de la dificultad de poner en el papel un proceso de aprendizaje tan fluido, se decidieron a redactar este método, convencidos de que la gaita de boto puede ocupar un espacio en la práctica musical actual y futura. Parten del repertorio y técnicas heredadas, para transmitir herramientas, conocimientos y recursos que permitan a los gaiteros actuales expresarse musicalmente.
