La infancia es territorio sagrado cuyos jalones recrea el autor con amorosa fidelidad: las largas veladas invernales al calor del hogar, la esencia olfativa y palatal de los días felices, la evocación devota de la cocina familiar, del horno comunal, del aula infantil, de la libertad lúdica y plena en la calle de todos. El ayuntamiento y sus alcaldes, la iglesia y sus párrocos, la liturgia y sus cofrades, el río y los regantes, el frontón y sus contiendas, la fuente y su ambiente el lavadero y su circunstancia, los peirones y otros hitos totémicos, los topónimos, los apodos y sus por qué. Las fiestas y tradiciones extintas y las perdurables; las viñas, los olivos, sus frutos en sazón….
Todo eso y mucho más acoge esta obra elaborada consultando fuentes, ordenando y sintetizando la sustancia histórica que ha aderezado con la sal de su memoria viva para lograr una obra de divulgación, ágil y amena, que ilusione a los del lugar y atraiga a los de fuera.
