Se trata de un conjunto de 30 poemas en los que se examina si el afán de conocimiento tiene una verdadera finalidad y, si es así, cuál es ésta.
En un entorno social dominado por el sentido urbano de la existencia, Manuel Forega -poeta, ensayista, traductor y editor durante muchos años- propugna un regreso al origen, a la raíz de la naturaleza en la que el ser humano dispone de más amplios horizontes para reflexionar sobre el sí mismo; sobre la posibilidad de que aquel conocimiento tenga auténtico significado; en la que, al margen de una realidad mediatizada por la profusión de los lenguajes políticos, por el sentido pragmático de la existencia y la abrumadora crisis de la identidad personal, haya siquiera una posibilidad de retomar el lenguaje más humanista, el del sentido crítico y el del examen sobre qué somos y para qué estamos aquí.
De ahí que este libro, ‘Luz, más luz’, no solo busque la luz como gran metáfora de la indagación constante, sino que explore en la común epifanía del yo múltiple, de sus heterogeneidades, de su construcción ontológica antes que antropológica y muestre una continua incertidumbre, un agudo escepticismo. El autor ni renuncia a la acción ni a la necesidad de seguir escrutando en nuestras dudas y en nuestras certezas como mejor síntoma de que nuestra capacidad especulativa no se ha rendido aún (pese a los mayúsculos esfuerzos invertidos por el egoísmo de los Estados por derribarla), sino que, frente a la homogeneización del pensamiento, ha de perseguir el fundamental objetivo de la revelación, otra vez del sí mismo, pero del Otro, de los Otros también.
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