Al principio, la Primera Guerra Carlista (1833-1840) o de los siete años fue, sobre todo, una guerra de guerrillas. Los carlistas no dominaban un territorio estable, y tenían dificultades para organizar la sanidad y disponer de lugares permanentes para atender a los heridos y enfermos.Primero utilizaron masías y casas amigas como refugio. Pero, con el tiempo, empezaron a organizar los hospitales militares y de sangra más o menos estables, primero muy precarios y más adelante mejor organizados y equipados.
Cuando la Pobla de Benifassà cayó en manos de Cabrera, el 3 de agosto de 1835, allí creó el núcleo de su intendencia y admisnistración militar. A partir de septiembre, fijó su cuartel general en Beceite. Anteriormente, a finales de 1834, los carlistas habían sufrido grandes pérdidas y derrotas, y los oficiales y cabecillas se habían refugiado momentánemanete en los Ports de Beceite, concretamente en las masías de la Solana, la Grasieta, els Cirés y Silverto.
El primer hospital de la zona se creó en 1835, estaba situado en la masía de Bosch, en el término de Vallibona (Els Ports), a finales de 1835, fueron utilizadas como hospitales algunas masías del macizo de Els Ports, como Les Eres, Borrell y Botana.
A lo largo del conflicto bélico, en toda esta gran zona del Maestrazgo, Bajo Aragón, Tierras del Ebro y lugares circundantes, los carlistas fueron instalando hospitales para atender a sus heridos y enfermos. A partir de 1836 las infraestructuras tuvieron un sedarrollo importante, así los carlistas se dotaron de hospitales, armamento, almacenes de munición, telleres de confección, depósitos de grano estables, imprentas, hacienda propia, etc. Realmente estaban construyendo un estado.
El 23 de agosto de 1837, llegaron 12 500 carlistas a Herrera de los Navarros (Zaragoza) a las ordenes del propio rey Carlos V, a su llegada la Expedición Real a la zona centro o Maestrazgo, se constituyó la Junta Superior Gubernativa de Aragón.
hay noticia de hospitales carlistas en las siguientes poblaciones: Aliaga, Alpuente, Ares de Maestrat, Ascó, Adóyar(convento de los dominicos y Palacio de la Señoría, para oficiales, Benassal, Benifassà (monasterio de los bernardos), Bordón, Calaceite, Cantavieja, Castielfabib (convento de los dominicos), Cuevas de Castellote o Cañart (convento de los religiosos servitas), Chelva (convento de San Francisco), Culla, Cinctorres, Forcall (convento de los dominicos), Horta de San Joan (convento de los franciscanos), Iglesuela del Cid, Manzanera, Montán, Morella, Palma d´Ebre, estercuael (Convento del Olivar), Sant Mateu, Torrijas, Valderrobles, Villahermosa del Río. En realidad, los establecimientos hospitalarios que se pusieron, en algún momento, en marcha en esta amplia zona de conflicto por parte de los carlistas fueron muchos más.
Ramón Cabrera creó una organización sanitaria muy avanzada para la época, demostrando con ello sus dotes de gran organizador. En el territorio que controlaba, disponía de hospitales de heridos de guerra, de convalecientes y de internos por enfermedades habituales.Unos eran hospitales situados en zonas consolidadas por la ocupación carlista, que estaban bien prepardos y acondicionados, y otros eran hospitales itinerantes, cercanos a las zonas de conflicto armado, llamados hospitales de sangre. Tenían la habilidad de trasladarlos de un lugar a otro cuando la situación bélica se les ponía en contra.
Se creó una Comisión Directiva de Hospitales y, a partir de 1838, otra Inspección de Hospitales y de Sanidad Militar y Civil.
En cuanto a los medicamentos para curar a los heridos y enfermos, hay que decir que parte de las farmacias o boticas se formaron con las donaciones hechas por los boticarios de los pueblos de la zona dominada por los carlistas.
El boticario mayor, encargado de la compra de medicamentos, fue Joaquín Obón, y la elaboración de fármacos estuvo a cargo del profesor de farmacia Juan Recuenco, que trabajaba en Morella, desde donde las medicinas compuestas se distribuían a todos los hospitales y botiquines de los batallones.
La medicina y la cirugía en la primera mitad del siglo XIX, estaba marcada por la inercia del siglo XVIII, fue una mala época para la medicina y la cirugía española, la práctica médica era rudimentaria. La excepción era la armada, que ya disponía de cirujanos instruidos . Las guerras del siglo XIX incidieron de una forma u otra en la transformación y la modernización de la sanidad militar en España.
