Su estudio y su método de trabajo son todo un espectáculo: un movimiento de pesos, de masas, de lienzos, de pinceles, óleos, aerosoles y pigmentos. Una intensa representación de seres, trajes, texturas, flores, sedas.
La exposición es, en general, una muestra de trípticos de generoso formato, 40 obras casi todas del pasado año 2018. En ella queda claro que Lita Cabellut es una gran trabajadora y una gran investigadora; también hace libros de artista y está a punto de dar un salto a la ilustración.
En esos trípticos se mezclan las dos opciones anteriores. En ‘Dhanu’, ‘Huo’, ‘Kumba’, ‘La burla del reflejo’, ‘La esquizofrenia de la pobreza’ (que conecta con la crisis actual pero también con su pasado en las calles), ‘Simha’ y ‘Xochiti’, la pintora usa esas tres piezas: la protagonista, con un rostro muy trabajado, expresivo, sobre el tradicional fondo craquelado; el cuadro donde se desmenuzan los detalles como microorganismos y se crea una especie de sinfonía de color, ordenado y disgregado, que a veces puede parecer una gran flor, y el tercer cuadro es, por lo general, una réplica del primero, pero desdibujado, agredido, casi irreconocible. Intuido tras la debacle y la tiranía de los años o de los siglos.
Lita Cabellut es, por encima de todo, una pintora de retratos y una narradora de historias con sus pinceles. Los rostros lo tienen casi todo: serenidad, comedia y drama; poseen una mirada que no pasa inadvertida, un tratamiento especial de los ojos y de la piel, parecen de otro tiempo y de mañana o de un futuro lejano.
