Segunda entrega de la trilogía dedicada por la autora, Dolores Redondo (San Sebastián, 1969), al valle de Baztán, tras la publicación de la exitosa primera parte, El guardián invisible, con la que ha obtenido más de 100.000 lectores, su publicación por 23 sellos del mundo y su versión cinematográfica.
En esta segunda novela, Legado de los huesos, la acción comienza cuando el juicio contra el padrastro de la joven Johann Márquez está a punto de comenzar. A él asiste una embarazada Amaia Salazar, la inspectora de la Policía Foral que un año atrás había resuelto los crímenes del llamado basajaun, que sembraron de terror el valle de Baztán y que centraron las páginas de la primera parte ya citada. Amaia también había reunido las pruebas inculpatorias contra Jasón Medina, que imitando el modus operando del basajaun había asesinado, violado y mutilado a Johann, la adolescente hija de su mujer. De pronto, el juez anuncia que el juicio debe cancelarse: el acusado acaba de suicidarse en los baños del juzgado. Ante la expectación y el enfado que la noticia provoca entre los asistentes, Amaia es reclamada por la policía: el acusado ha dejado una nota suicida dirigida a la inspectora, una nota que contiene un escueto e inquietante mensaje: “Tarttalo”. Esa sola palabra que remite al personaje fabuloso del imaginario popular vasco destapará una trama terrorífica que envuelve a la inspectora hasta un trepidante final.
De nuevo estamos ante una novela policíaca en la que aúna el suspense y la intriga propia del género, sin olvidar –como en el anterior título– la introducción de elementos antropológicos visibles en las notas que introduce la autora sobre la arquitectura, costumbres y leyendas del valle navarro. Unas costumbres muy parecidas a las localizables en el Pirineo oscense, espacio que vuelve a ser protagonista en algunos pasajes de la obra, en especial la localidad de Aínsa y la comarca de Sobrarbe, así como las ciudades de Huesca y Zaragoza.
En esta segunda novela, Legado de los huesos, la acción comienza cuando el juicio contra el padrastro de la joven Johann Márquez está a punto de comenzar. A él asiste una embarazada Amaia Salazar, la inspectora de la Policía Foral que un año atrás había resuelto los crímenes del llamado basajaun, que sembraron de terror el valle de Baztán y que centraron las páginas de la primera parte ya citada. Amaia también había reunido las pruebas inculpatorias contra Jasón Medina, que imitando el modus operando del basajaun había asesinado, violado y mutilado a Johann, la adolescente hija de su mujer. De pronto, el juez anuncia que el juicio debe cancelarse: el acusado acaba de suicidarse en los baños del juzgado. Ante la expectación y el enfado que la noticia provoca entre los asistentes, Amaia es reclamada por la policía: el acusado ha dejado una nota suicida dirigida a la inspectora, una nota que contiene un escueto e inquietante mensaje: “Tarttalo”. Esa sola palabra que remite al personaje fabuloso del imaginario popular vasco destapará una trama terrorífica que envuelve a la inspectora hasta un trepidante final.
De nuevo estamos ante una novela policíaca en la que aúna el suspense y la intriga propia del género, sin olvidar –como en el anterior título– la introducción de elementos antropológicos visibles en las notas que introduce la autora sobre la arquitectura, costumbres y leyendas del valle navarro. Unas costumbres muy parecidas a las localizables en el Pirineo oscense, espacio que vuelve a ser protagonista en algunos pasajes de la obra, en especial la localidad de Aínsa y la comarca de Sobrarbe, así como las ciudades de Huesca y Zaragoza.
