El ir y venir de la correspondencia resultaba fundamental para la comunicación personal en el siglo XVIII. Este hecho supuso la necesidad de cultivar el arte de componer misivas que transmitían la voz propia y hacían llegar hasta manos ajenas, ideas, sentimientos, mandatos o informaciones tan diversas como el cambiante desarrollo de la vida.
El X conde de Aranda, don Pedro Pablo Abarca de Bolea (1719-1798), fue un incansable escritor de cartas. Entre sus papeles aparecen guardadas misivas escritas, revelan, sin saberlo el trasfondo de grandes y pequeñas decisiones , mientras nos trasladan al momento exacto en el que quien escribía decidió trazar su firma al final de una carta.
Para el Conde de Aranda el correo resultó una herramienta precisa y necesaria en el desarrollo de su actividad pública, a la vez que de gran utilidad a la hora de mantener un contacto estrecho con aquellas personas que formaban parte de su vida privada .
Cartas sueltas, escondidas y revueltas en ocasiones entre los papeles del conde de Aranda, son aquellas que se transcriben en este trabajo que busca dar voz de nuevo a las misivas del Conde. El interés que ofrece la correspondencia conservada entre la documentación más personal del propio Aranda y de su linaje se centra en la posibilidad de acceder a datos muy diversos por medio de la lectura de las cartas.
Las esferas privada y pública de la vida de don pedro Pablo Abarca de Bolea se entremezclan en el conjunto de las cartas custodiadas en el Archivo familiar.
Su distinta naturaleza temática dibuja un perfil de la actividad del Conde a lo largo de su recorrido vital que muestra a Aranda en todas sus facetas. Militar, político, diplomático en destinos europeos, esposo, padre y señor preocupado por el bienestar de sus vasallos .
