Como indica Ángel Guinda en el prólogo, este libro contiene una poesía «mordaz, anfetamínica, electrizante que, llena de brutalismo descarado, hace mística pagana del escándalo, de la violencia, de lo escatológico, la pornografía, la irreverencia, el asco; convierte el deseo en energía y encuentra en el sexo la redención de toda culpa. Contra el más atroz consumismo, su poesía parece una proclama a favor del ser humano autolesionado, perdedor, consumido y sufriente camino de la inmolación.»
