La Semana Santa, tiempo en el cual se conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, centro del ciclo litúrgico cristiano, ha favorecido la creación y la práctica musical durante siglos. La liturgia promovió la creación de formas musicales particulares que exigían de los compositores el respeto a una tradición muy sólida y los invitaban a la introducción de elementos innovadores de gran expresividad. Además del acervo de música litúrgica (Pasiones o Lamentaciones), la Semana Santa ha generado una notable tradición de manifestaciones musicales paralitúrgicas. Por supuesto, la música siempre ha sido un elemento fundamental también de las procesiones. A lo largo de los siglos se han sucedido diversos acompañamientos marcados por el gusto de diferentes épocas: capillas de música, coplas de ministriles, pífanos y clarines acompañados por cajas roncas, bandas militares, hasta las masivas secciones de tambores, timbales y bombos tan características en la actualidad. El Santo Entierro de Zaragoza es un ejemplo perfecto para entender el desarrollo musical de los desfiles procesionales, desde su origen, en los primeros años del siglo XVII, hasta nuestros días. Este trabajo se basa en documentación, parte de ella inédita, y en fuentes musicales conservadas en el Archivo de la Hermandad de La Sangre de Cristo, el Archivo Municipal, el Archivo Diocesano y el Archivo de Música de las Catedrales de Zaragoza.
