La Comunidad de Albarracín es el título de una nueva «Cartilla turolense» publicada en este caso por el Instituto de Estudios Turolenses y el Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín. En sus páginas se aborda esta institución centenaria, una reliquia legada por el pasado, una obra humana que ha funcionado como un organismo político y como un ente gestor de los montes comunes. Junto con Calatayud, Daroca y Teruel, tuvo su origen en la Edad Media y es la única que ha pervivido –cierto que con cambios sustanciales con respecto a su naturaleza en el período foral- hasta nuestros días.
El patrimonio común indiviso ha permanecido a lo largo de la historia pese al avance del individualismo agrario y del liberalismo económico. Este patrimonio se ha revelado como un nexo de unión fundamental y su gestión por parte de la Comunidad ha permitido la conservación de la parte sustancial de los bosques, que hoy son un activo natural de primer orden.
