El prólogo de este bello poemario, Hija del carbón (Los libros del gato negro) es de Nacho Escuín quien nos explica, entre otras cosas, que la poeta, Marisol Julve, con <<la mirada tiznada de negro>>, rinde homenaje al lugar de donde viene y a quienes lo hicieron posible en este estupendo libro construido de pequeños pedazos del alma, repleto de verdad y también de las contradicciones propias de la vida. ¡Ahí es nada!, suficiente para que corramos a leerlo, pues no les defraudará, personas lectoras.
Creo que nuestra poeta Julve sabe que el objetivo de la poesía es la belleza y la verdad y es también la otredad, la generosidad hacia lo que no somos nosotros ni nuestro ego, pues somos como bien dice: “versos sueltos de un todo más coral”. Y en su poesía no hay lenguaje inerte, hay vida vivida y sabe y conoce que el pasado no es para habitarlo solo debe ser referencia, con versos que me sorprenden por ser de las más finas y sutiles ironías que he leído: “¿Quién, pues le cerrará, dime, los ojos?/ ¿Quién, dime?, a tu cepillo de dientes.
Leer este poemario me ha hecho preguntarme si el signo es la realidad y si esta es más verdad que la apariencia, o todo esto “son atávicos miedos/ y errónea conjetura”. Un libro interesante que hay que leer no lo duden. Y un consejo a la poeta, si me lo permite, la última estrofa del poema Aquellas noches, en próximas ediciones debería desaparecer. Ganará el poema y el libro. Enrique Villagrasa
Marisol Julve nació y vive en Teruel, es de Hinojosa de Jarque y ejerce de maestra en el centro de adultos de Cella. Escribe poesía, relatos y microrrelatos y ha conseguido algunos premios locales.
