Esta exposición tiene algo de recuento e interiorización, de concentración paciente, de recuperación de la calma y un nuevo afán. Gregorio Villarig (Valencia, 1940) se mide aquí con su pasado y con su futuro: ha sido un buen dibujante, lo ha sido y lo es y quiere seguir siéndolo. Si pudiera decirse así: esta muestra es como un trabajo de cámara. Deleitoso, de indagación, lento, de puro placer. De afirmación. Villarig ha trabajado cuidándolo todo: lo que ve, lo que atisba, lo que invita a imaginar al espectador, lo que ha soñado y lo que, en la duermevela o en el lapso indeciso del recuerdo, ha podido convertirse en pesadilla. Aunque suene demasiado fácil, o un lugar común, estos dibujos, estas Gárgolas son el diario del artista. En el campo, en la imaginación y en el estudio.
