Este libro aspira a que aprendamos más sobre los lagos de alta montaña, y nos propone cerca de cuarenta propuestas montañeras que se asoman a los ibones, la huella dejada por los glaciares. Se trata de ecosistemas en los que se dan cita animales y plantas bien adaptados a las rigurosas condiciones de vida que la altitud impone. Son hábitats frágiles en los que cualquier alteración tiene consecuencias, a veces, nefastas, lo que les convierte en un buen indicador de los que el cambio climático está suponiendo.
