El tesoro de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza se enriqueció en el siglo XVII con las esculturas de San José con el Niño y de San Joaquín con la Virgen Niña. Ambos conjuntos salieron de los talleres de platería de Zaragoza y se encargaron al orfebre Miguel Cubels, si bien a la muerte de éste, el proyecto de la segunda escultura pasó al platero Fermín Garro. Antes de su ejecución en plata se realizaron bocetos dibujados por los pintores Juan Pérez Galbán, en el caso del conjuntto de san José de Jusepe Martínez Lurbe, en el de san Joaquín, y para este último, el escultor Francisco Franco llevó a cabo un Sanz de Cortes y el de san Joaquín, Bartolomé Molanes, aunque el impulso definitivo para su realización se lo debemos a su sobrina política y heredera universal, Magdalena Gómez de las Cuevas. Pedro de Enciso, ensayador de la Real Casa de la Moneda del Reino de Aragón, y marcador de oro y plata de la ciudad de Zaragoza, fue el responsable de la visura y marcado de la segunda escultura.
