Pronto cambiará la luz blanca, pero prisionera,de Lisboa por el fulgor oscuro, pero ducísimo,de la libertad, esto es, Londres que será ya siempre su ciudad hasta su muerte en 2007.
Sin embargo siempre fue fiel a la lengua portuguesa, conseguirá abrirla a otras latitudes, otras ciudades, a otros moptivos, así demostrará la universalidad de ese modo de decir, él dice «Nadie podrá quitarme’the sense of glory’ de tantos momentos de mi vida. En medio de atrocidades e injusticias, de sufrimientos de todo orden, hubo en mí esa felicidad de estar en el centro del tiempo y en el ccentro del espacio. El encantamiento. El absoluto. El éxtasis. En el amor, en el erotismo, en la nuturaleza, en la experiencia estética, como creador y com,o espectador. Gloria. Una auténtica sensación de gloria que me cubre de lágrimas y me obliga a ponerme de rodillas frente a la eternidad.
Fernando Guimarães indica en la solapa de este nuevo libro que «en ‘Las Elegías de Londres’ es fácilmente detectable la referencia (…) a un tema o núcleo central a partir del cual se alcanza la unidad del poema: la memoria, a través del recuerdo de la infancia o la evocación de Londres, la consciencia de lo sagrado o de la propia nada, la música, la guerra, el ‘puro rocío’ de la poesía camoniana, la ‘obscena eufonía de palabras’ como ‘Auschwitz Belsen Buchenwald’ o ‘Atila Nerón Stalin’ (…). Esa multiplicidad de líneas confluye en un espacio más interior, más plenamente vivido, y que se identifica con la consciencia total y exigente de la poesía y su propio ritmo, pues sólo él, como se afirma en la Séptima Elegía, ‘nos permite / habitar lo real absoluto’.
