En Aragón, al igual que en el resto de España, tanto las periodistas como las feministas no tenían un camino fácil por delante, pues ambas se tuvieron que adaptar a una sociedad que no veía con buenos ojos a ninguno de los colectivos. Las feministas hicieron frente a la disgregación interna y la llegada imparable de la Democracia, que en teoría, resolvería todas sus justas reivindicaciones, pero que a su vez las haría desaparecer como colectivo. Mientras, las primeras periodistas se encontraron con redacciones llenas de hombres y con directores a veces paternalistas, proteccionistas o machistas impenitentes.Las feministas lucían con orgullo ser «mujer» y tenían una amplia agenda de actividades con la que pretendían cambiar el mundo, mientras que las periodistas tenían que pasar desapercibidas para poder hacer su trabajo; pasaron una buena temporada siendo «mujeres invisibles».
