Sesenta páginas dedicadas a la poesía y como fuente de inspiración, las amapolas. En palabras de Miguel Ángel Marín Uriol, se trata de un libro de metapoética contenciosa, de poemas que van hacia la luz, huyendo de las florituras, signos o metáforas, la autora busca el don de la palabra para construir un lenguaje estético y poderoso conocido por los nombres: perdón, paz, plenitud, equilibrio, amor…
