En palabras de Antón Castro, autor del prólogo, “El pez de la despedida es un libro unitario, de un tema capital que desarrolla una espiral de diversos asuntos o argumentos. Tiene algo de cuaderno de música que desarbola sus melodías en torno al amor, o quizá a la sombra del desamor. En un espléndido poema, donde se asocia la casa con el islote donde todo se desploma, se dice: “Es una mujer despojada. / Una mujer que ya no se me parece”. En ese territorio de la decepción y de la ruptura, o del desaire, la protagonista del libro parece una extranjera de sí misma; la pasión quebrada la ha dejado exhausta, yerma, irreconocible en todos los espejos, en el hilván de la memoria y en la presencia del olvido, que empuja de manera inexorable. “Esta soledad ondea para parir otra /camuflada”, escribe (…).
Es un libro con su atmósfera especial, con su tensión, con una estructura sólida que arranca con una cita de Roberto Juarroz; el poeta argentino comparte protagonismo con Goethe, con Rimbaud, con Virginia Woolf y con Rainer Maria Rilke; si buscamos otros asideros o referencias, hemos de decir que Luz Rodríguez le dedica una espléndido poema a Gustav Klimt, uno de los mejores: ‘No lo llames paraíso’, donde el universo de Klimt se opondría al de Poussin, y también evoca el universo de Turner.”
