La sublevación desatada en Melilla el 17 de julio de 1936, y extendida a Aragón dos días después, supuso una radical cesura. El golpe venía a acabar rápida y drásticamente con la República de la mano del Ejército y la “gente de orden”. Pero su éxito sólo relativo llenó el país de armas y abrió las puertas a una larga guerra civil. Ninguna región lo muestra como la aragonesa. La sublevación pudo triunfar y extenderse por las tres capitales y la mitad del territorio. Pero perdió la otra mitad a manos de las columnas milicianas venidas de Cataluña y Levante. Dividido en dos partes, Aragón se convertía así en la mejor y más cruda metáfora de la guerra fraticida que comenzaba.
Son autores de los textos: Iván Heredia, Paola Lo Cascio, Manuel Ballarín, Régine Illion y Eduardo Romanos. La introducción es de José Luis Ledesma.
