Dingir era solo un niño cuando su padre ofendió sin querer a la despiadada diosa Inanna. Creció apartado de los suyos y sometido a crueles torturas en la escuela. Con los años, aquel joven tímido y asustadizo se convirtió en un concienzudo contable, encargado de custodiar las bullas, las vasijas de barro que simbolizan la deuda del rey con el templo, gobernado por la maligna sacerdotisa Sheleput.
Dingir tendrá que agudizar el ingenio sin saber que, al hacerlo, estará dando los primeros pasos hacia un invento que revolucionará la historia y la cultura.
