El efecto Coolidge explica muchas cosas, pero difícilmente puede describir el vacío emotivo de una calavera que se enfrasca en una venganza absurda, una aventura en la que un inconsciente intenta acabar con un imbécil. El protagonista va esparciendo el caos a su alrededor a medida que avanza la partida. El nudo que él mismo ha provocado guiándose por lo que dicta aquello a lo que más quiere en el mundo, su sexo, aprieta en su garganta.
