Un bardo, en la historia de Europa , era la persona encargada de trasmitir las historias, las leyendas y poemas de forma oral además de cantar la historia de sus pueblos en largos poemas recitativos. La elevación a la posición de bardo se verificaba todos los años en una competencia a la que asistían los principales bardos del país.
Natural de un territorio -Sobrarbe- con pasado celta, al decir de lagunos historiadores, decidí encomendarme a uno de esos bardos y contándole el desarrollo de algunos acontecimientos a los que asistí de primera mano, dejarle a él que compusiera una especie de «memorias» de cada uno, en forma de largas retahílas rimadas. Y ese ha sido el papel que ha jugado «el bardo Corónix», autor de todas las crónicas que componen este séptimo Cuaderno de Macoca, sin música y sin lira que valga.
