La mordedura tajante, la niña del parque, los violines al atardecer, los jardines en flor, el vestir de corto a los momentos, los buzones vacíos, el animal doméstico, el elfo y la blusa, las manos de ondas de estómago, la motivación y la gloria, el tropiezo y la existencia… El gusto de cartografiar la emoción y la vida. Todo esto, y algo más, se mueve y se desenvuelve en este poemario, en su particular hábitat natural.
