La poesía de David Ubico, como dice Ana Jiménez Betrán en el prólogo, “es una poesía acusadora, con un lenguaje seco y violento que busca expresar la denuncia de un sistema que muestra lo injusto que se ha tornado el hombre para el hombre. Aparecen en su versos, bajo el manto de la poesía social, severas reprobaciones a los desmanes del hombre, al mal fruto que ha recogido del árbol de la vida, un árbol que no puede crecer porque “todo se convierte en un gran charco/de agua ensangrentada…” en la poesía de David, el amor parece tener capacidad redentora, igual que el sufrimiento y la solidaridad, porque al fin no se ha perdido la esperanza, todavía se puede confiar en el ser humano”.
