Cosas que no entiendo retoma y lleva más lejos el hilo de la poesía editada hasta el momento por el autor, si bien ofrece en su segunda parte un sugerente homenaje a grandes poetas hebreos, que fueron objeto de su labor docente en la Universidad, pero que al mismo tiempo son exponentes de una tradición literaria en la que el autor de algún modo también forma parte.
Páginas que nos estremecen al hablarnos de la herida del tiempo, al escribir sobre la ternura y la caricia de las miradas o cuando deja serenamente que la muerte se pasee por sus versos.
