Contra la creencia popular de que el Viernes de Mayo había decaído, la investigación del jaqués permite afirmar que “en el siglo XIX hubo una consolidación de esa tradición”. Además, “es la fiesta más colorista de Jaca, que Santa Orosia me perdone; la más gloriosa y ha sobrevivido más de 500 años, que es lo que estudiado”.
Carlos Moreno Anaya, subraya que la fiesta “se ha celebrado gracias al ayuntamiento, primero con los jurados, luego los regidores desde los Austrias y después con los concejales”. “Siempre se destinó dinero a la fiesta y se ha mantenido. Si trabajas, te dicen que un día es fiesta, bajas a la ermita, te dejan una escopeta, das gusto al gatillo y además almuerzas y te pagan, es normal que hubiera una devoción tremenda por la fiesta”, apuntó.
Según su estudio, “desde 1511, se celebra regularmente salvo excepciones como una peste que hubo a mitad del siglo XVII, durante la Guerra de Sucesión o en la II República”. “Cuando caía un chaparrón, la pasaban a sábado o domingo”, continuó el jaqués, agregando que en el s. XVI “ya se decía que la fiesta venía de muy antiguo, por lo que nos metemos en la Edad Media”.
De los símbolos de la fiesta, el autor indicó que “el conde Aznar no existía y se lo inventó un abad de San Juan de la Peña, Juan Briz Martínez (1610), al publicar una historia de Aragón y encajar al personaje en la gesta de Jaca”. Luego, “los cronistas empezaron a darlo por bueno y en el s. XIX, los románticos dieron valor al personaje”.
Además, “evoluciona lo que llamamos escuadristas”, ya que “empezaron siendo la cofradía de ballesteros, cuando no existían las armas de fuego en Jaca y se sabe porque el ayuntamiento pagaba al prior”, igual que cuando “sobre 1685 decide destinar una partida a la pólvora”. Más tarde, “se habla de ‘veinteneros’, porque se pondrían en grupos de 20”, según el autor, que señala que “hubo agrupaciones estables de la milicia nacional y llegó a haber una banda uniformada en el siglo XIX”.
