Cabos sueltos

Simeón Martín Rubio

2023.

134 páginas.

13

x 19 cms.

Libro

ISBN: 978-84-126722-0-6

El narrador, dramaturgo, poeta y profesor Simeón Martín Rubio (Burbáguena, 1946) ha hilvanado bajo el título de Cabos sueltos (Instituto de Estudios Turolenses IET-Los libros del gato negro), para sorpresa de todas las personas lectoras de poesía, un florilegium de poemas, que van desde los años setenta, cuando éramos jóvenes, hasta otros de reciente cocción, que aún hierven a fuego lento: “En medio del cauce, asienta su cuerpo/ la rana envidiosa de las voces claras./ Es ahora una isla de llanto con nata”.

El libro está dividido en diez significativas partes con singulares títulos: De otro tiempo, Historias sueltas, Lugares, Notas, Quijote, Celebraciones, Adioses, Quett Masire (Sinfonía), Pandemia y una Coda, más una nota del autor. Una sesentena de poemas con un hilo de hilvanar común: el tiempo, el espacio, el azar y la necesidad, el temor y el temblor: patera y pandemia, además de celebraciones y adioses incluidos; pues “La luna duele eterna y el sol, se queja nuevo”.

Así pues, este florilegium poético, recopilación de poemas guardados en otros cajones, no es una antología al uso y sí un nuevo libro con nueva lectura y factura de parte de su obra: un poemario coherente, del quehacer demiurgo de un poeta honrado y honesto, sin trampa ni cartón, que mira al mundo y a la vida a los ojos, a la que le echa un pulso a través del lenguaje: “Si en esta vida/ el hombre removiera su historia,/ la de verdad,/ el hedor haría imposible/ seguir mirando al cielo”.

Tras leer estos poemas de Simeón Martín, que pergeñan estos y no otros Cabos sueltos, uno se da cuenta, una vez más que el fin que persigue limpiamente el verso tal vez sea, justamente, dislocar las imágenes, pues de alguna manera es la primera sensación que te deja, pues: “No te extrañes si mañana, en la aurora,/ Cuando canten in manus tuas, domine/ Suenen en tus oídos la nota de un te, deum”.

Pero, no solo logra el poeta imágenes y metáforas asombrosas, también le busca las cosquillas a la propia poesía y a los poetas que cantan y cuentan y crean ribazos imposibles: “La carretera avanza entre hileras de flores/ envidiosas de cuantas han tenido la suerte/ de encontrar un poeta que las cante./ Tras cada curva,/ en cada rincón, caben/ más prodigios de verde apetecible/ que en la infinita alfombra versallesca”. Ironía dícese de la fina burla, tal vez. Y al igual que Hölderlin también él pide que los poetas despierten de su letargo a todos los que duermen todavía…
Creo que Simeón Martín es un poeta excepcional, es pura pasión e instinto y dota a sus versos de ironía sujeta a ritmo y sonido y escribe una poesía útil para salvar la realidad: “Entre los pliegues de la arena/ con el muestrario camuflado de relojes,/ los mismos ojos preguntan el porqué/ de tantas injusticias,/ la tranquilidad comprada”…

Enrique Villagrasa