Como les ocurre a los personajes de estos relatos, todos podemos tener un mal día, o uno excelente. Podemos quedarnos atascados en el pegadizo estribillo de una canción, tararearla hasta que las palabras pierdan su sentido. En esas ocasiones, nuestra cabeza gira como un derviche, devolviéndonos demasiadas veces al punto de partida, sin que alcancemos a saber hacia dónde dirigimos realmente nuestros pasos.
