Entre 390 y 404 San Jerónimo había traducido al latínel texto hebraico, una traducción que muy criticada en su tiempo, se convirtió en canónica con el correr de los siglos: la llamada Vulgata.
El mismo santo parece ser que había afirmado, que los textos sagrados que manejaban los judíos no eran de fiar, ya que podían ser sospechosos de arreglo o de correción intencionada después de la muerte de Jesús. Este recelo hacia el texto original del Antiguo Testamento perduró a lo largo de toda la Edad Media.
Los filólogos que intentaron aplicar la Biblia a los nuevos métodos de la crítica textual se enfrentaron, a unos prejuicios seculares muy difíciles de vencer, la postura tradicicionalista la de quienes intentaron torpedear la aparición de la Biblia polyglotta alcalaína, y la de quienes pretendian innovar los nuevos estudios de la filología moderna.
En España, décadas más tarde, fue el movimiento de León de Castro, el que se enfrentó a las tesis renovadoras defendidas por Arias Montano.
