Los años 1798 y 1799 cerraron el Siglo de las Luces en una Zaragoza que despedía a la figura más destacada de la política aragonesa de la centuria. El fallecimiento del X conde de Aranda marcó la vida social de la ciudad que siguió manteniendo el interés por el ir y venir de las élites que aportaban dinamismo a la cotidianeidad urbana. El paso de las estaciones llevó la nieve al casco urbano y permitió los baños en el Ebro, mientras las celebraciones festejaban a los patrones de las parroquias y disfrutaban de las múltiples funciones ecuestres y fiestas de novillos que llenaron de contradanzas la plaza de la Misericordia. Robos, autillos de fe y ordenanzas de buen gobierno se unieron a la apertura del nuevo teatro en la calle del Coso, en unas escenas que describieron con detalle el devenir de la ciudad y sus gentes en el final del siglo XVIII.
Estudio introductorio de Laura Malo Barranco.
