Dice la autora que los poemas que se leen en esta obra “estaban emboscados en la novela La tapia amarilla, de Fernando Luis Chivite.” Bono entra con las tijeras de podar para sacarlos y dedicárselos a Chivite, porque ya eran suyos. Y como señala Juan Pardo Vidal al hablar de este poemario, la misión del poeta es encontrar la belleza, y es lo que hace Isabel Bono con la obra de Chivite.
