Los versos de este poemario son verdaderos supervivientes de un naufragio, «palabras huérfanas» que, tras encomendarse a las musas griegas, reconstruyen la Odisea de la vida. Nos encontramos ante un libro de «vuelta, retorno, regreso», que parte desde la guerra de Troya del coronavirus hacia la ansiada isla de Ítaca, un viaje a la luz verde de la esperanza a través de lugares de inmenso riesgo. La autora actualiza el recorrido literario pretérito desde el tiempo en el que vive y salva su voz con valentía incluso al enfrentarse al engañoso canto de las sirenas de la mensajería instantánea. De este modo, emprende la aventura de escribir cuarenta poemas en los que pone en cuarentena su identidad y sobrevive para contarlo, creando y recreando a los personajes homéricos al tejer la madeja de las letras. Porque, al fin y al cabo, el territorio de la poesía no es sino el naufragio voluntario de la prisa del mundo y la búsqueda de ese añorado lugar en el que puedan abrazarse finalmente la tradición y la originalidad, el pasado y el futuro. Estela Puyuelo persiste, así, en su expedición por el sendero más humano al entender la vida como travesía, el viaje como destino y el monte como isla donde esquivar el mundanal ruido: “Yo de Horacio aprendí / y de Rosa Mª Marina / el Beatus ille que ayer dijera / el sabio Fray Luis / en castellano. / Y a los confines del mundo / treparé, / asiéndome a las rocas, / en feliz intento / por lograr la huida”.
Celia Carrasco Gil.
