Alguien que está “a solas con el verbo”, es porque, según afirmaba Machado, espera estar con Dios un día. Y Dorita nos invita a participar en esta celebración:
y estar a solas con el aire
y estar a solas con el verbo.
Antes que un canto a la soledad, al silencio, al vacío… yo diría que el poemario de Dorita es una “celebración de la palabra” casi un ritual, una liturgia en la que estamos presentes, no solo como espectadores de un rito solemne, sino como agentes o celebrantes; nadie puede estar al margen de la creación, de la atmósfera poética, pues ello implicaría no poder respirar.
Mariano Ibeas Gutiérrez
A solas con el verbo
Dorita Puig
