Este relato de Encarnación Farré esta protagonizado por una mujer cuya alma, «aburrida del bulto de la carne», podrá ascender a las alturas en «algo así como enorme canasto colgado por dos cuerdas», en una ficción con su propia lógica en la que se combinan elementos heterogéneos: lo vulgar y lo sublime, lo extraordinario maravilloso y lo degradado. Es el juego de una imaginación fecundada por los múltiples lecturas que le permiten adentrarse por los territorios de una tradición, especialmente de los Siglos de Oro, a la que alude, con la que juega y a su vez reinventa.
