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Valero Lecha. El pintor del trópico

José Luis Pano Gracia

2026.

120 páginas.

20

x 20 cms.

Libro

ISBN: 979-13-88146-04-6

: 14

Valero Lecha desde muy joven, soñó con llegar a ser un gran pintor. Las expectativas laborales en Alcorisa eran reducidas, así que abandonó su pueblo natal y partió hacia el continente americano en 1911.

Sobrevivió de manera precaria hasta que fue contratado como escenógrafo. Recorrió Buenos Aires, Chile, Venezuela, Cuba, Méjico y, en Honduras, abandonó los teatros ambulantes. En Tegucigalpa, salió adelante pintando casas residenciales y dando clases de dibujo particulares. Entre sus alumnos, estaba Elidia Martínez, con la que se casó en 1924.

Cuando estallaron las revueltas de Tosta, Ferrera y Arias, Valero y Elidia partieron desde la capital hondureña hasta San Salvador. Allí, trabajó de día y estudió de noche en la Escuela de Artes Gráficas que dirigía Carlos Alberto Imery.

En 1931, quiso ampliar sus conocimientos artísticos en España y acudió al estudio particular de Cecilio Pla y Gallardo, quien le inculcó el gusto por la pintura del natural y por la plasmación correcta de la luz y del color.

Finalizada su formación, Valero abandonó Madrid y viajó a Alcorisa, junto con su mujer y sus tres primeros hijos para practicar lo aprendido. De este período, se conservan muchas obras donde se comprueba su gran dominio de la pintura del natural al representar los rincones alcorisanos típicos y las actividades cotidianas de sus paisanos, así como sus dotes extraordinarias para el retrato.

A finales del verano de 1935, con el presagio de una guerra civil próxima, la familia Lecha Martínez se marchó para fijar su residencia en San Salvador y, en 1937, Valero fundó una Academia de Dibujo y de Pintura, que funcionó durante más de tres décadas.

Los estudiantes que llegaban a su centro para formarse, artística y culturalmente, procedían de todas las clases sociales. La enseñanza era gratuita para las personas que no podían costearse sus estudios.

Cuando la academia cerró, alumnos, exalumnos, autoridades del Ministerio de Educación y el pueblo salvadoreño, en general, quisieron rendirle un homenaje por su entrega docente y humana. A raíz de entonces, las apariciones en prensa se sucedieron y se conocieron los datos más relevantes de su trayectoria profesional.

El maestro sigue vivo en el recuerdo de sus numerosos discípulos. De hecho, en el último apartado de la cartilla turolense, se mencionan a varios de los más destacados: Julia Díaz, Raúl Elas Reyes, Noé Canjura, Rosa Mena Valenzuela, Mauricio Mejía y Aleph Sánchez.

Algunos de los hitos más importantes de este genio fueron: la concesión de la medalla de oro Diego de Holguín, por parte del Concejo Municipal de San Salvador, del título doctor honoris causa en Ciencias del Hombre y de la Naturaleza, por parte de la prestigiosa Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (nunca antes se había entregado a un pintor) y de la medalla Alfonso X el Sabio.

Aunque sintió un respeto profundo por la figura humana e, incluso, exploró el arte moderno, tuvo una predilección especial por el paisaje. La agudeza de su retina, sumada a su sentido innato para el color, hicieron posible que captase todas las gamas cromáticas del mundo tropical.

Los paisajes de Valero Lecha tienen un sello inconfundible, ya sea por la magia de sus empastes o por esa paleta de tonalidades verdosas inigualables.

José Luis Pano es catedrático, profesor titular de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, donde lleva a cabo su actividad docente e investigadora, y es Académico de Número de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis (sección de Grabado y Artes Suntuarias).