Obra con la que su autor consiguió el Premio de poesía Miguel Labordeta del Gobierno de Aragón en su convocatoria del año 2004.
Premio obtenido por su voz templada que demuestra una forma muy bien asumida de la tradición. También por su seguridad al hacer correr los versos con un gran dominio de los recursos sintácticos y por el sentido unitario de la obra como poemario de viaje.
