El patrimonio documental y bibliográfico, que conserva la memoria de nuestra sociedad y su cultura, custodia las encuadernaciones históricas, que dotan al libro de su apariencia externa, otorgándole una imagen de prestigio, sagrada o simbólica. La encuadernación artística, indivisible del soporte material que le da sentido y al que protege, se muestra autónoma en la elección de sus valores ornamentales, aunque pasado el tiempo será dependiente de los contenidos del libro. Se trata de un legado que debe ser puesto en valor, transmitiendo su importancia a las generaciones futuras.
Estas cubiertas precisan de un conocimiento sistemático y ordenado, para establecer hipótesis razonadas sobre las corrientes artísticas que les afectan y que ellas mismas difunden. La encuadernación hace superar al libro su presencia como objeto físico y es el resultado del encuentro de dos voluntades, la del creador, que desea trascender lo meramente utilitario, y la del encargante, que se propone asumir las formas artísticas contemporáneas en la esfera de sus propiedades individuales. A esta confluencia artística se añade la de la confección del libro, como muestra la ciudad de Zaragoza, donde los artífices de encuadernaciones están íntimamente relacionados con los ocupados en la creación y comercialización del libro, actuando en este ámbito de forma inseparable, impresores, encuadernadores y mercaderes.
Los gremios zaragozanos, al igual que otros hispanos, se dotan de ordenaciones desde el siglo XVI, coyuntura en la que el Concejo de Zaragoza decreta las Ordinaciones al Oficio de Libreros y Encuadernadores, el 5 de febrero de 1537, lo que las sitúa entre las primeras peninsulares. De la importancia de los gremios de libreros e impresores en la ciudad dan testimonio las numerosas publicaciones que se les han dedicado, en relación con su establecimiento, convivencia y colisión, a las que se suman los estudios sobre las ediciones de libros, sus promotores y las bibliotecas particulares más importantes.
Nuestra investigación viene a completar las anteriores mediante los trabajos concretos realizados por los encuadernadores para el Cabildo, utilizando para ello los libros de sus Administraciones y los recibos emitidos por los artesanos para justificar sus cobros. La riqueza de registros nos ha llevado a transcribir la totalidad de los conservados, más allá de la que corresponde a la cronología de las encuadernaciones catalogadas, para obtener una visión general respecto a la adquisición, elaboración, custodia y conservación de los libros en la Seo.
En lo que respecta a los estudios de encuadernaciones artísticas conservadas en archivos aragoneses, es pionera la publicación de José Galiay Sarañana, que ejemplifica mediante los volúmenes de la Catedral de Tarazona. El primer y único estudio de las destacadas encuadernaciones mudéjares conservadas en la ciudad de Zaragoza, con un carácter histórico-artístico, es el realizado por Mª Isabel Álvaro Zamora, puesto que la investigación de Mariano Caballero Almonacid, examina tan solo la técnica ligatoria.
