Planeta piel

Inma Benítez

2023.

72 páginas.

Libro

ISBN: 978-84-126919-4-8

Prólogo de: José Javier Alfaro Calvo

Muchos de los tópicos literarios sobre el amor, plasmados reiteradamente en diversas épocas y culturas, nos los encontramos en este planeta total cuya orografía está hecha de esa sensitiva piel por cuyo territorio Eros recorre sus deseos y escarceos amorosos. Eso sí, quedando bien claro que en esa dicotomía que tantas veces se establece entre amor y sexo, el deseo carnal se impone al amor, marcando claramente la difusa línea que, a veces, los separa. Por lo tanto, nada que ver con lo que sugiere el frecuente tópico del amor bonus, que incide en el carácter positivo del amor espiritual .…

Estamos ante una expresión más del clásico furor amoris, en el que el amor se expresa como una locura, casi como una enfermedad mental que consume a los amantes que la sufren y hace que sólo presten atención al deseo que sienten, sin usar la razón y donde la espera y la distancia se hacen insoportables, por la lejanía que imponen las pieles. En Planeta piel nos encontramos con todos estos sentimientos contradictorios que provoca el amor (placer, felicidad, angustia…), pero también dolor, con el clásico oxímoron vulnus amoris, esa “dulce herida” que queda tatuada, como un inevitable y necesario estigma, tras el militia amoris que recuerda los extremos momentos del placer vividos en el campo de batalla del tálamo o en cualquier otro de los lugares inadecuados, tal como sugiere Ángel González en “Inventario de lugares propicios al amor”.

Inma Benítez Sesma (Tudela, 1966). Aunque las primeras rimas que conservo son de cuando tenía ocho años, suelo decir que escribo desde mi etapa embrionaria. No sé, había algo en el verso que me fascinaba: Machado, Bécquer… y antes, las comedias de Lope y los dramas de Calderón. Y esa extraña sensación de que las letras se me iban amontonando en el cerebro, formando palabras que bailaban con otras componiendo versos, que se unían entre sí para crear estrofas.

Nadie me enseñó. Escribía, y escribo, por necesidad. La misma que me llevó, con el paso de los años, hacia el teatro, la radio o cualquier actividad que tuviera que ver con las palabras. Escribo para nutrirme, para escucharme, para salvarme, para redimirme.

A veces incluso para no matar.