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Opiniones de mujeres. Conferencias por María Domínguez. Primera alcaldesa de la República

Varios Autores

2023.

196 páginas.

12.5

x 17.5 cms.

Libro

ISBN: 978-84-9703-411-1

Juan José Borque Ramón

Ricardo Centellas Salamero

Prólogo de: Hildegart

Un libro que reúne las conferencias de la “primera alcaldesa de la República” María Domínguez, un símbolo rescatado del olvido.
Valor legítimo, autodidacto, voluntad indomable, tenacidad ejemplar, clarísima percepción de los problemas, escritora, ciudadana y apta para su misión de árbitro de conciencias”. Así reza la primera página de “Opiniones de Mujeres”, un compendio de conferencias pronunciadas por María Domínguez, alcaldesa de
Gallur en los años treinta, que cuenta con 64 páginas de prólogo de la joven y brillante abogado y periodista Hildegart Rodríguez, cuya turbulenta y breve historia personal ha sido objeto de libros y películas.

La edición facsímil de este volumen promovida por la Diputación de Zaragoza permite rescatar esta joya bibliográfica. En la nueva “entrega”, las historiadoras Julita Cifuentes y Pilar Maluenda realizan una espléndida semblanza biográfica de esta mujer, cuyos restos descansan al pie de un ciprés del cementerio de Fuendejalón, tras ser fusilada en 1936.

María Domínguez es una de las pocas firmas femeninas en los periódicos nacionales de principios del siglo XX. Pero, a diferencia de sus ilustres contemporáneas, con quienes pudo compartir ideas en pro de la igualdad entre clases y sexos, no desembocó en ellas desde una cómoda cuna de clase burguesa ni desde refinados colegios donde una educación igualmente machista era más fácil de recibir que aquella otra casi inexistente para las gentes del campo.

María vivió otra época pero, ¿cuántas mujeres de hoy en día pueden verse reflejada en ella?. Los malos tratos han existido siempre. Ella los padeció pero no los asumió y abandonó a un marido impuesto, siendo perseguida por ello y, por supuesto, tachada por sus propios vecinos de libertina.
Trabajó duro en las labores más ingratas para salir adelante y descubrió que aguantaría ser siempre pobre pero no analfabeta, porque la cultura le salvaría a ella, como al resto, de la humillación, viniese ésta de cualquiera que quisiera ejercer su supremacía en virtud de cualquier pretexto. Primero aprendió a leer, luego estudió y más tarde opinó y escribió, al tiempo que luchaba por una enseñanza pública digna. Se granjeó la admiración de muchos, -incluídos hombres- y logró transmitir su mensaje hasta las gentes del campo y los obreros. Atacó a la Iglesia como símbolo del desprecio a la mujer y llegó a regentar el Ayuntamiento de Gallur porque representó la honestidad, la capacidad de trabajo, el talante y el compromiso social. Defendió la República como sistema garante de las libertades y como instrumento transformador de la sociedad.
Demasiadas osadías para una mujer en las primeras décadas del siglo XX. Finalmente pagó con su vida como otros muchos y durante décadas ha sido silenciada. Como mujer, como representante municipal – ahora que celebramos un cuarto de siglo de democracia local–, como defensora de la igualdad y la justicia y como símbolo de los valores del Cuarto Espacio zaragozano hoy vuelve a ocupar un lugar de
honor entre nosotros, aunque ya en 1999 la Diputación Provincial de Zaragoza le concedió a título póstumo su medalla de Santa Isabel.