Catálogo de la exposición ‘La educación de las niñas‘, realizada en Huesca en el Museo Pedagógico de Aragón.
Hasta hace tan solo unas décadas se podía distinguir claramente el mundo de las mujeres y el mundo de los hombres. El universo masculino –con su lenguaje, sus liturgias, sus intereses y sus valores– y el mundo femenino –con sus roles, sus aspiraciones y sus espacios reducidos al hogar, los hijos y la iglesia–. Eran dos mundos separados y desiguales. Hace sesenta o setenta años era difícil que un hombre hiciera la cama, la comida o la compra. Ni que se ocupara de la limpieza de la casa o de tender la ropa.
Hasta hace tan solo unas décadas se podía distinguir claramente el mundo de las mujeres y el mundo de los hombres. El universo masculino –con su lenguaje, sus liturgias, sus intereses y sus valores– y el mundo femenino –con sus roles, sus aspiraciones y sus espacios reducidos al hogar, los hijos y la iglesia–. Eran dos mundos separados y desiguales. Hace sesenta o setenta años era difícil que un hombre hiciera la cama, la comida o la compra. Ni que se ocupara de la limpieza de la casa o de tender la ropa.
Las escuelas siempre son reflejo de los valores de una sociedad. Por eso, edificios como la escuela dedicada a Joaquín Costa y el Grupo Escolar Gascón y Marín, en Zaragoza, o el de la antigua Escuela Normal de Magisterio de Huesca, tienen dos puertas, dos escaleras, dos pasillos y un recreo dividido. A un lado los niños y, al otro, las niñas.
Los chicos y las chicas no solo estudiaban en espacios separados, también estudiaban cosas distintas y de otra manera: las Labores para ellas y la Agricultura para ellos. Los niños leían Juanito y las niñas Flora. En urbanidad se distinguía entre lo que era conveniente para la niña bien educada y lo que se esperaba del niño bien educado. Y, por supuesto, había juguetes de niña y juguetes de niño.
Durante los años ochenta del siglo XX se impulsaron campañas de sensibilización, se revisó el contenido de los libros de texto para eliminar cualquier forma de sexismo, se extendió la preocupación por el uso del lenguaje de manera no exclusiva… Aquellas medidas podían resumirse en la impactante la campaña «No limites su educación. Es una mujer del siglo XXI».
Ya estamos en el siglo XXI. Es evidente que hemos avanzado mucho en unas pocas décadas, pero aún nos queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad. Además, actualmente el sexismo se transmite implícitamente, de manera muchas veces oculta, pero ahí está condicionando el presente y el futuro de muchas niñas. Basta pensar en los porcentajes de jóvenes universitarias que eligen los estudios de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (disciplinas representadas por el acrónimo STEM) para concluir que aún estamos lejos de la igualdad en educación.
